Progresión I–iii–IV–V: acordes en todos los tonos

Em G, a progressão I–iii–IV–V é G – Bm – C – D. Abaixo, a mesma sequência transposta para os doze tons que mais aparecem no violão e no teclado, e o que muda quando você troca de tom.

I G
iii Bm
IV C
V D
Cada grau se afasta do repouso em uma medida diferente, e é esse desenho — não os acordes em si — que faz a roda soar como soa. Em G, o V é o ponto mais alto: é dele que a frase precisa voltar. Função harmônica no campo maior. As alturas são fixas por grau, não estimadas. Figura do Cantivy — livre para reutilizar com link para esta página.

La progresión I–iii–IV–V en cada tonalidad

Elige la tonalidad según la voz de quien canta, no por la facilidad para tocarla. Si el coro se dispara hacia los agudos, baja un tono y vuelve a leerlo.

Tonalidad IiiiIVV
C CEmFG
G GBmCD
D DF#mGA
A AC#mDE
E EG#mAB
F FAmBbC
Bb BbDmEbF
Eb EbGmAbBb
Am CEmFG
Em GBmCD
Dm FAmBbC
Bm DF#mGA

Arma cada posición en el generador de acordes, comprueba la afinación en el afinador en línea y marca el tempo en el metrónomo antes de tocar la progresión completa.

Canciones asociadas con la progresión I–iii–IV–V

Una progresión armónica no le pertenece a nadie: es la secuencia de grados, no la obra. Por eso solo listamos qué canciones suelen citarse junto con esta progresión, sin reproducir la letra ni la cifra completa.

  • Evidências Chitãozinho & Xororó el arco ascendente antes del coro define el arreglo
  • Fico Assim Sem Você Adriana Calcanhotto la misma familia de movimiento ascendente

La rueda aparece con mayor frecuencia en Sertanejo Romântico, Sertanejo y Músicas Gospel Originais .

La progresión I iii IV V crea una sensación clara de crecimiento. La tónica presenta el centro tonal, el tercer grado menor abre una ventana emocional, el IV amplía la frase y el V prepara el regreso. En G, escuchas G – Bm – C – D. La línea de las fundamentales sube de G a B, C y D, lo que da la impresión de que la música avanza incluso antes de llegar al coro.

Este movimiento funciona muy bien en baladas románticas porque usa cuatro acordes, deja espacio para la voz y crea una tensión que el oyente reconoce en pocos compases. Puedes tocar la misma rueda con guitarra acústica arpegiada, rasgueo de balada, un patrón marcado o una dinámica de arena. Los acordes permanecen iguales. El carácter cambia por la división del compás, el ataque de la mano derecha, el registro del bajo y la forma de conducir las notas.

En una tonalidad cómoda para la guitarra, como G, cada acorde puede ocupar un compás de 4/4. Con un tempo de 60 a 72 BPM, el ciclo dura cerca de 16 segundos cuando tocas cuatro compases por repetición. Este intervalo permite escuchar la función de cada grado sin convertir el estudio en un cambio mecánico de posiciones.

En esta página observarás el papel de cada grado y los puntos donde suele caer la rueda. Después verás maneras de variar la ejecución sin cambiar la secuencia. También encontrarás una rutina de quince minutos, ejemplos de patrones rítmicos y criterios para decidir cuándo usar séptima, sus4 o bajo invertido. Para comparar esta idea con otras estructuras, consulta todas las progresiones y escucha cómo se comporta el movimiento en distintos contextos del repertorio latinoamericano.

Cómo suena la progresión I–iii–IV–V y por qué funciona

El primer acorde establece la tónica. Funciona como punto de reposo y le da al oído una referencia tonal. Cuando la secuencia pasa al iii, la música pierde algo de estabilidad, pero no crea una tensión agresiva. El tercer grado menor funciona como escalón entre la tónica y la subdominante. Mantiene notas en común con la región inicial y, al mismo tiempo, colorea la frase con una sombra melancólica.

Después, el IV abre el campo armónico. La frase parece respirar más lejos de casa. El V lleva esa sensación adelante y concentra la expectativa de regreso. Por eso, la progresión ascendente funciona bien en introducciones, versos que crecen y pre-coros. El oyente percibe dirección incluso cuando la melodía es sencilla y usa pocas notas.

En G mayor, piensa en el camino G – Bm – C – D. El bajo no sube por grados conjuntos perfectos, porque salta de G a B, pero la secuencia termina con una continuidad ascendente hasta D. Puedes reforzar esta percepción tocando las fundamentales en el tiempo 1 de cada compás. En la guitarra, deja que el bajo de G, B, C y D esté más presente que las cuerdas agudas durante el primer estudio.

El contraste entre el iii menor y los grados mayores también ayuda a la voz. El cantante puede comenzar con una interpretación contenida, ganar intensidad en el IV y sostener una nota más abierta sobre el V. Esta construcción cabe en baladas románticas, boleros, cumbia, rock en español, bachata y reguetón, sin exigir que copies la armonía de una canción específica.

El secreto está en el arco de la frase, no en tocar todos los acordes con la misma fuerza. Comienza el I con intensidad 2 en una escala de 1 a 5, pasa por el iii con intensidad 2 o 3, lleva el IV a 3 o 4 y haz que el V pida el regreso. Al llegar al I, reduce nuevamente el ataque. Este dibujo sencillo ya cambia la percepción de la rueda.

Si ya conoces la progresión I–vi–IV–V, compara el papel del vi con el del iii. Ambos son acordes menores, pero producen caminos distintos. El vi suele sonar más introspectivo y relacionado con el regreso de la tónica. El iii es más corto y ascendente. Empuja la rueda hacia el IV con menos peso dramático.

Para practicar hoy, toca G durante cuatro tiempos, Bm durante cuatro, C durante cuatro y D durante cuatro. Repite ocho veces. En las dos primeras repeticiones, usa solamente el bajo en el tiempo 1. En las cuatro siguientes, agrega las cuerdas agudas. En las dos últimas, aumenta el volumen en el IV y el V. Si escuchas el crecimiento aunque mantengas igual la mano izquierda, la función de los acordes ya está apareciendo.

La función de cada grado dentro de la frase

La tónica, el I, presenta la información principal. Puede ocupar el comienzo del verso, el inicio del coro o el punto donde la voz necesita apoyarse. No tienes que prolongarla durante muchos compases. En una rueda de cuatro acordes, un compás puede bastar para afirmar la tonalidad. Si la melodía tiene muchas palabras, dos compases en la tónica dan espacio para la interpretación.

El I también define el lugar hacia donde apuntan los demás acordes. En G, puedes tocar una nota G larga en la voz mientras el acompañamiento comienza en el acorde G. Después, prueba una frase corta que termine en Bm o C. La sensación de reposo cambia según la nota final. Esta prueba muestra que la función armónica y la nota de la melodía trabajan juntas.

El iii es el tercer grado menor. Su función es conectar el reposo con la expansión. No reemplaza la sensación de llegada del IV, pero prepara ese desplazamiento. En G, Bm cumple ese papel entre G y C. El cambio de G a Bm crea contraste de modo, mientras que el paso de Bm a C acerca la frase a la región subdominante.

El iii también puede recibir menos volumen que el I y el IV. Si acentúas Bm con la misma fuerza que usas en el V, la rueda pierde parte de su arco. Prueba tres ejecuciones: Bm suave, Bm fuerte y Bm con arpegio. La versión suave suele dejar más espacio para la voz; la fuerte puede servir para un coro; el arpegio crea una transición más delicada.

El IV funciona como apertura. Puede recibir una nota larga de la voz, una respuesta de la guitarra o un cambio de dinámica. En muchos arreglos, el IV es el punto donde entran la segunda guitarra, el pad o una percusión más presente. La armonía sigue siendo sencilla, pero el arreglo comunica que la música se aleja del reposo inicial.

En una banda de balada, puedes marcar el IV con una nota de bajo más definida y dejar que la guitarra responda en el contratiempo. En una cumbia, la percusión puede reforzar la llegada sin llenar todos los espacios. En una canción lenta, el teclado puede sostener el IV durante dos tiempos antes de liberar el V. El acorde cumple la misma función, pero la instrumentación modifica su fuerza.

El V es la dominante. Su función es crear expectativa de regreso a la tónica. Puedes reforzarla con una pausa breve antes del regreso, un ataque más fuerte o una nota sostenida en el bajo. La resolución no tiene que ocurrir de inmediato. Retrasar el regreso mediante una repetición del V aumenta la tensión sin agregar otro acorde.

Haz una prueba práctica con cuatro finales distintos. Primero, vuelve de D a G sin pausa. Después, silencia las cuerdas durante un cuarto de tiempo antes de G. En el tercer intento, repite D durante un compás más. En el cuarto, toca D7 y resuelve a G. Compara el efecto y elige la opción que combine con la frase vocal.

Para repasar estos nombres y entender cómo se organizan los grados, usa el material de teoría musical. El objetivo no es memorizar etiquetas, sino reconocer durante la ejecución cuándo la frase está en reposo, cuándo se abre y cuándo pide resolución.

Dónde cae la rueda en el compás

En una balada en 4/4, la forma más directa es usar un acorde por compás. Puedes contar “1, 2, 3, 4” para el I, repetir la cuenta en el iii, pasar al IV y cerrar el ciclo en el V. Así, la rueda ocupa cuatro compases. Esta división hace audible la función de cada grado y facilita acompañar una melodía que entra con espacio.

Marca el pulso con el pie en los cuatro tiempos y cambia de acorde exactamente en el siguiente tiempo 1. Toca solamente una nota grave en el tiempo 1 durante dos minutos. Después, mantén la mano derecha haciendo movimientos hacia abajo sin tocar las cuerdas entre los ataques. Este gesto prepara la subdivisión que usarás en patrones de corcheas.

Otra opción es mantener cada acorde durante dos tiempos. En ese caso, la secuencia ocupa dos compases: I y iii en el primero, IV y V en el segundo. La sensación se vuelve más dinámica. El iii llega antes y el V aparece antes de que termine la frase. Esta lectura funciona cuando la melodía tiene frases cortas o el arreglo pide una conducción más continua.

Cuenta “1, 2” para G, “3, 4” para Bm y luego repite la misma lógica para C y D. Haz diez ciclos sin detenerte. Si pierdes el cambio, no aceleres para compensar. Mantén el metrónomo, espera el siguiente tiempo 1 y retoma la secuencia. Este procedimiento evita que un error de la mano se convierta en un cambio de tempo.

También puedes dejar el I durante dos compases y distribuir los otros tres grados en un compás cada uno. Esta opción crea una entrada más estable. El verso comienza con espacio y después la armonía acelera hasta el V. En una balada romántica, este diseño combina con una voz que sostiene la primera idea y libera más sílabas en la segunda mitad del período.

Una forma útil de construir un coro es usar dos compases de I, uno de iii, uno de IV y uno de V. En la siguiente repetición, puedes reducir el I a un compás y liberar el segundo compás para una nota larga o una pausa del arreglo. La secuencia sigue siendo reconocible, pero la forma gana espacio para que respire la voz.

El punto de cambio no tiene que caer siempre en el tiempo 1. En un patrón sincopado, puedes anticipar el siguiente acorde en el contratiempo que precede al nuevo compás. Hazlo con cuidado: el bajo o el ataque más grave debe dejar clara la modificación. Si la anticipación confunde el pulso, vuelve al cambio en el tiempo 1 y trabaja primero la regularidad.

Para probar una anticipación, toca D durante los tiempos 1, 2 y 3 del compás. En el “y” del tiempo 4, haz el ataque que anuncia G. No cambies todo el patrón de una vez. Primero anticipa solamente la mano derecha. Después, anticipa también el bajo. Si el oído pierde la cuenta, mantén el bajo en el tiempo 1 y deja la síncopa únicamente en las cuerdas agudas.

Practica con un metrónomo en línea de 60 a 72 BPM. Toca un cambio por compás durante cinco minutos. Después, prueba dos cambios por compás durante otros cinco minutos sin acelerar. El metrónomo funciona en el navegador con la página abierta, y el resultado del estudio todavía depende de tu percepción del pulso y del sonido captado por el micrófono del dispositivo cuando usas funciones de escucha o afinación. Mantén el celular a una distancia de 30 a 50 centímetros de la guitarra para evitar que el ataque de las cuerdas domine la señal.

Patrones que cambian el carácter sin cambiar los acordes

Comienza con un patrón de negras. Toca un ataque firme en el tiempo 1 y ataques más pequeños en los tiempos 2, 3 y 4. Esta versión deja abierta la progresión y permite escuchar el ascenso de las fundamentales. Usa poca fuerza en el iii y aumenta la presencia en el IV. En el V, mantén claro el pulso para preparar el regreso.

Haz la primera vuelta solamente con ataques hacia abajo. En la segunda, mantén el movimiento de la mano hacia abajo y hacia arriba, pero ataca las cuerdas únicamente en los tiempos marcados. En la tercera, usa un apagado breve en el tiempo 4 del V. La comparación muestra cómo la mano derecha cambia el carácter sin ninguna modificación armónica.

Para una balada romántica más íntima, prueba bajo en el tiempo 1 y cuerdas agudas en el contratiempo. El pulgar presenta la base, mientras los dedos responden con un dibujo corto. No conviertas cada compás en un patrón rígido. Deja una pequeña diferencia entre la primera y la segunda mitad. Esta variación acerca la guitarra a una interpretación vocal.

Una secuencia sencilla para estudiar es bajo en el tiempo 1, toque de las cuerdas medias en el tiempo 2, bajo o apagado en el tiempo 3 y cuerdas agudas en el tiempo 4. Usa este orden en G, Bm, C y D. Después, elimina el ataque del tiempo 3 en el compás del iii. El espacio dará más protagonismo a la entrada del IV.

Un rasgueo dividido en corcheas aporta más movimiento. Cuenta “1 y 2 y 3 y 4 y” y alterna ataques hacia abajo y hacia arriba. Lo principal es no acentuar todas las corcheas. Marca moderadamente los tiempos 2 y 4, o elimina un ataque antes del cambio para abrir espacio. El mismo I iii IV V empieza a sonar más bailable sin cambiar su función.

Como referencia de práctica, usa 68 BPM y haz ataques en los tiempos 1, 2, 3 y 4. Después, mantén la mano en corcheas y ataca solamente en los puntos elegidos. Sube a 76 BPM únicamente cuando puedas tocar seis ciclos sin perder el movimiento continuo de la mano.

Puedes usar arpegio cuando la voz necesita espacio. Toca el bajo al principio del compás y recorre después tres o cuatro cuerdas. En el compás del V, reduce la cantidad de notas y deja respirar al acorde. Luego entra en la tónica con un ataque más completo. Esta diferencia de textura comunica mejor el regreso que simplemente tocar más fuerte.

En una introducción inspirada en baladas románticas, prueba dos repeticiones de arpegio, dos de rasgueo ligero y dos de patrón completo. En una cumbia, reduce el arpegio para dejar que la percusión imaginaria ocupe el pulso y marca más el bajo. En una bachata, usa ataques cortos en las cuerdas medias y deja una pausa en el V antes del regreso. Son aplicaciones de arreglo, no copias de cifrados ni letras.

Compara este comportamiento con la progresión I–V–vi–IV. En ella, el bajo no crea la misma línea ascendente continua que en I iii IV V. Por eso, la mano derecha puede mantener un patrón más constante. En la progresión de esta página, pequeños cambios de acento ya destacan el dibujo ascendente y hacen crecer la frase.

Variaciones comunes: séptima, sus4 y bajo invertido

Las séptimas pueden reforzar la función sin alterar la identidad de la rueda. Un I7 crea más movimiento y puede apuntar al IV, pero usa este color cuando la melodía acepte la nota adicional. En el V, la séptima dominante aumenta el deseo de regresar a la tónica. En G, por ejemplo, G7 puede conducir a C con más presión que G por sí solo.

Presta atención al I7 en una tonalidad mayor. La nota F en G7 no pertenece a la escala de G mayor, que usa F sostenido. Esta alteración crea un color de dominante secundaria hacia C. No necesitas estudiar todo el análisis para probar el sonido, pero debes escuchar si la melodía acepta F natural. Si la voz sostiene F sostenido sobre G7, la combinación puede resultar áspera.

Las formas maj7 y m7 aportan otra atmósfera. Acordes como Cmaj7, Bm7 y Em7 hacen que la balada sea más suave y espaciosa. Funcionan bien en arpegios, introducciones y versos con poca percusión. No uses la séptima solamente por costumbre. Escucha si la nota combina con la melodía y si el arreglo conserva la dirección de la progresión.

Prueba la secuencia G – Bm7 – Cmaj7 – D7 en cuatro compases. Toca cada acorde durante cuatro tiempos y graba 30 segundos. Después, graba G – Bm – C – D con el mismo patrón. Si la versión con séptimas pierde definición en el celular, reduce la cantidad de cuerdas y deja el bajo más limpio. El micrófono del dispositivo puede resaltar frecuencias medias y ocultar diferencias sutiles entre las voces del acorde.

El sus4 sirve para crear una suspensión breve. Puedes aplicar la idea en el V, sosteniendo la nota suspendida durante parte del compás y resolviendo después al acorde mayor. En G, Gsus4 puede aparecer antes de G o G7. Este recurso funciona como una pequeña respiración antes del regreso. La resolución debe ser clara, sin prolongar la suspensión hasta perder el pulso.

En D, prueba Dsus4 en los tiempos 1 y 2 y D en los tiempos 3 y 4. Después, resuelve a G en el siguiente tiempo 1. Si quieres un efecto más delicado, toca Dsus4 solamente en el contratiempo del tiempo 4 y deja que D o G entre después. El recurso funciona mejor cuando dura menos de un compás a un tempo de 60 a 72 BPM.

El bajo invertido cambia la línea inferior y puede suavizar el paso entre dos grados. En lugar de repetir la fundamental en todos los ataques, puedes hacer que el bajo avance por una nota del propio acorde. Piensa primero en la melodía del bajo y después en la posición de la mano. El resultado debe reforzar el ascenso, no esconder el tiempo 1.

Comienza con inversiones sencillas en las cuerdas graves y comprueba que la nota más baja todavía represente el acorde elegido. En G/B, el bajo B acerca G a Bm. En C/E, el bajo E crea una conexión más ligera hacia F o G en otros contextos. Usa una sola inversión a la vez. Si no puedes decir cuál es el bajo al escuchar la grabación, vuelve a la posición fundamental.

Para probar estos colores sin perderte, consulta el generador de acordes. Elige una tonalidad, mantén la secuencia I iii IV V y compara la versión sencilla con las opciones de séptima y sus4. Graba cada intento en el celular. La diferencia resulta más evidente cuando escuchas unos minutos después, fuera del momento de la ejecución.

Cómo estudiar la rueda durante quince minutos al día

Durante los primeros tres minutos, di los grados en voz alta y localiza la tónica. Toca la secuencia una vez sin ritmo fijo, únicamente escuchando el recorrido. Después, di “I, iii, IV, V” mientras cambias los acordes. Esta etapa evita que memorices solamente posiciones. La meta es saber qué función viene después, aunque cambie la tonalidad.

Usa G como punto de partida y di también los nombres de los acordes: G, Bm, C y D. Después, transpón a C: C, Em, F y G. Si F requiere una cejilla que todavía no dominas, toca el mismo análisis lentamente o usa una tonalidad que mantenga las posiciones cómodas. El objetivo inicial es reconocer el orden de los grados, no vencer una posición difícil.

Del cuarto al séptimo minuto, usa un tempo de 60 a 72 BPM y toca un acorde por compás. Cuenta cuatro tiempos antes de cada cambio. Mantén la mano derecha en movimiento ligero, incluso cuando no ataques las cuerdas. Si pierdes la posición, detente, vuelve al I y reinicia a menor velocidad. La regularidad vale más que la rapidez.

Haz cinco repeticiones sin detenerte. En la primera, toca solamente el tiempo 1. En la segunda, ataca los tiempos 1 y 3. En la tercera, usa cuatro ataques regulares. En la cuarta y quinta, aplica el patrón que pretendes usar en tu repertorio. Este aumento gradual muestra si el cambio funciona cuando la mano derecha deja de estar libre.

Del octavo al undécimo minuto, toca la misma rueda con dos patrones. Primero, usa ataques regulares. Después, haz un arpegio sencillo. No cambies los acordes ni el tempo. Observa cómo el carácter cambia únicamente por la articulación. Graba treinta segundos de cada versión y verifica si el V realmente prepara el regreso o si lo tocas con la misma intensidad que los demás grados.

En la grabación, escucha tres puntos: si el tiempo 1 aparece con claridad, si Bm recibe menos peso que C cuando la frase pide crecimiento y si D genera deseos de volver a G. Anota una corrección concreta, como “reducir el ataque en Bm” o “silenciar el tiempo 4 antes de G”. En el siguiente intento, cambia solamente ese punto.

Durante los cuatro minutos finales, transpón la progresión a otra tonalidad y canta una melodía corta sin usar la letra de una canción conocida. Puedes cantar con “la” o “na”. Haz una frase en el I, aumenta la altura en el IV y deja que el V pida el regreso. Este ejercicio une oído, mano y voz. Con seis cuerdas ya puedes probar bajos, apagados y ataques diferentes.

Usa una melodía de cuatro compases. En el primero, mantén dos o tres notas sobre el I. En el segundo, cambia la última nota sobre el iii. En el tercero, sube una nota sobre el IV. En el cuarto, termina en una nota que pida resolución sobre el V y regresa al I en el siguiente ciclo. No conviertas el ejercicio en la reproducción de una canción conocida.

Después de una semana, intenta tocar la secuencia sin mirar la mano izquierda. Luego, alterna un compás por acorde y dos acordes por compás. Registra el tempo y la sensación de cada sesión. Si el cambio de tonalidad exige nuevas posiciones, vuelve al índice de progresiones para estudiar otra rueda y comparar sus movimientos.

Aplica este método al repertorio de balada romántica, pero analiza solamente el movimiento armónico. No copies un cifrado completo. Observa dónde descansa el verso, dónde crece el arreglo y en qué punto el coro recibe la resolución. Esta escucha convierte la secuencia en una herramienta de composición y acompañamiento.

Para cerrar el estudio de hoy, toca seis ciclos en G a 68 BPM. Haz dos ciclos con un cambio por compás, dos con dos cambios por compás y dos con arpegio. Graba el último ciclo. Mañana, compara la grabación con un nuevo intento. El cambio más útil será el que puedas repetir sin perder el pulso.

Perguntas frequentes

¿Qué significa I–iii–IV–V?

La secuencia representa el primer grado, el tercer grado menor, el cuarto y el quinto grado de una tonalidad. En G queda G – Bm – C – D. El I establece el reposo, el iii crea un paso menor, el IV abre la frase y el V genera expectativa de regreso. La misma lógica puede transportarse a otras tonalidades. En C, por ejemplo, la secuencia queda C – Em – F – G.

¿Por qué el tercer grado menor funciona como escalón?

El tercer grado menor crea contraste sin interrumpir el flujo. Se aleja de la tónica, pero conserva suficiente cercanía armónica para conducir la frase al IV. Como la fundamental del iii aparece por encima de la tónica y se acerca al IV, el oído percibe avance. En G, notas este efecto al pasar de G a Bm y después a C.

¿La progresión I iii IV V es igual a la progresión i iii iv v?

No. En la escritura con números romanos, las letras mayúsculas indican acordes mayores y las minúsculas indican acordes menores. La progresión I iii IV V tiene tónica, IV y V mayores, con el iii menor. La progresión i iii iv v describe otra combinación de cualidades y debe analizarse dentro de la tonalidad elegida. Cambiar una letra mayúscula por minúscula modifica el tipo de acorde y el efecto de la secuencia.

¿Cuántos compases debo usar en cada repetición?

La forma más común para comenzar es un compás por cada grado, cuatro compases en total en 4/4. También puedes usar dos tiempos por acorde y cerrar la rueda en dos compases. Otra opción es dejar el I durante dos compases y acelerar los cambios hasta el V. Para estudiar, comienza con cuatro compases y reduce el ciclo solamente cuando puedas hacer cinco repeticiones sin detenerte.

¿Cómo hacer que la progresión suene más latina?

Comienza con un patrón de balada en 4/4, destacando el bajo en el tiempo 1 y usando respuestas ligeras en las cuerdas agudas. Después, prueba apagados discretos y síncopas antes del cambio de acorde. El carácter viene de la articulación, la dinámica y el espacio que dejas para la voz. Prueba 68 BPM, reduce el ataque en el iii, aumenta la presencia en el IV y deja que el V prepare el regreso.

¿Puedo usar séptimas en esta progresión?

Sí. Las séptimas pueden reforzar la dirección de la armonía. Una séptima dominante en el V aumenta la expectativa de regreso a la tónica, mientras que las formas maj7 y m7 suavizan el sonido en versos y arpegios. Prueba un cambio a la vez. En G, compara G – Bm – C – D con G – Bm7 – Cmaj7 – D7.

¿Cuándo debo usar sus4?

Usa sus4 como una suspensión breve, principalmente en el V antes de su resolución. En G, Gsus4 puede aparecer durante parte del compás y después volver a G o G7. El efecto funciona mejor cuando el cambio es preciso y la nota suspendida resuelve con claridad. En D, prueba Dsus4 en los tiempos 1 y 2 y D en los tiempos 3 y 4 antes de regresar a G.

¿El bajo invertido cambia la progresión?

Cambia la línea del bajo, pero no necesariamente la función principal del acorde. La inversión puede crear un paso más conectado entre la tónica, el iii, el IV y el V. Usa el recurso para dibujar un bajo con movimiento y evitar ataques repetidos en la misma fundamental. Si no identificas la nota más baja al escuchar la grabación, vuelve a la posición fundamental y prueba una inversión a la vez.

¿Qué tempo debo usar para estudiar?

Comienza entre 60 y 72 BPM. En ese intervalo puedes escuchar el cambio, controlar la mano derecha y notar si el V prepara el regreso. Cuando toques cinco repeticiones sin detenerte, aumenta 4 BPM. Si el pulso se vuelve tenso, reduce el tempo. El metrónomo ayuda a mantener el tiempo, pero no sustituye escuchar tu propio instrumento.

¿Esta progresión sirve para componer un coro?

Sí, especialmente cuando quieres crear una sensación ascendente antes de una resolución. El coro puede comenzar en el I, ganar intensidad en el iii y el IV, y usar el V para preparar la repetición. Para diferenciar verso y coro, varía el registro, la dinámica, el patrón y la duración de las notas. Prueba dos compases de I al comienzo del coro y deja que el V ocupe el último compás antes del regreso.

¿La progresión funciona en otros géneros latinoamericanos?

Sí, siempre que el patrón, el tempo y la instrumentación combinen con el género. En una cumbia, marca el bajo y deja más cortos los ataques agudos. En un bolero, usa espacio y notas sostenidas. En una bachata, prueba ataques sincopados. En una balada de rock en español, experimenta con Bm7 y Cmaj7 en arpegio. La secuencia permanece igual, pero la articulación cambia el resultado.

¿Cómo saber si el V está preparando bien el regreso?

Toca el V durante un compás y detén todas las cuerdas en el cuarto tiempo. Después, vuelve al I en el tiempo 1. Si el silencio te hace sentir la necesidad de resolver, la función está clara. Luego toca el V con el mismo volumen que los demás acordes. Si el regreso resulta indiferente, aumenta ligeramente el ataque del V, usa D7 en lugar de D en G o reduce la cantidad de notas antes de la resolución.